Los niños necesitan más que información bíblica. Necesitan ver el Evangelio hecho vida en quienes los enseñan. Ellos observan cómo hablas, cómo corriges, cómo sonríes, cómo escuchas y cómo amas. Muchas veces, antes de entender quién es Jesús, conocerán su amor a través de la forma en que tú los tratas.
Por eso nació este devocional.
No pretende ser un estudio académico, sino un compañero diario que te ayude a caminar con Jesús mientras sirves a los pequeños. Cada reflexión está basada en la Palabra de Dios y diseñada para preparar primero al maestro, porque un corazón lleno de Cristo puede sembrar semillas que darán fruto por toda la eternidad.
Mi oración es que, al terminar estos treinta y un días, no solo hayas crecido como maestro, sino también como discípulo de Jesús.
Que el Señor renueve tu pasión, fortalezca tus manos y llene tu corazón con el mismo amor con el que Él ama a cada niño.